Me gustaría dedicar todo el contenido de estas páginas a todos aquellos a quien he conocido en mi camino y, en esos momentos de soledad y angustia, me han tendido una mano o me han mostrado el camido hacia la luz. Quisiera hacer, como no, una mención especial a esos otros que vendaron mis ojos, que me negaron su mano y a los que me pusieron la zancadilla en mi camino y, a estos últimos, recordarles que quien tropieza y no cae avanza más deprisa.